Quisiera opinar que veo a diario y que me parece digno de ser destacado que los jóvenes de hay ya no quieren compartir toda su vida en Instagram. Durante años criticamos a las nuevas generaciones por vivir pegados al celular, por mostrar todo, por la necesidad de likes. Hoy está pasando lo contrario y me parece que somos los adultos los que tenemos que aprender de ellos. Y no lo hacen por ser antisociales. Lo hacen por salud mental, se cansaron de la comparación permanente, de la presión de ser evaluados por extraños, de que cualquier cosa que publican sea motivo de burla o de chisme. Entendieron algo que a otros les costó años, que se puede estar conectado sin estar expuesto. Me parece un acto de madurez y de amor propio. Enseñaron que la privacidad vale. Que la vida real pasa fuera de la pantalla. Que no es necesario publicar un asado con amigos para disfrutarlo, ni mostrar el dolor para que sea válido. Hay una nueva tendencia que ellos llaman “Posting Zero “o “Ghost Posting B”, que es publicar y borrar, o simplemente no publicar.
Rodolfo Ruarte
Las Heras 516 - S. M. de Tucumán